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Esos ritmos de libertad

Mi cuerpo ha regresado al movimiento últimamente. ¡Ah, Dios! ¡Qué rico se siente eso! A veces, el trabajo te puede apartar de placeres simples e inofensivos. Al regresar de Española me prometí que, por más trabajo que tuviera, no iba a olvidar a mi salud, a mi cuerpo y a mi mente. En estas últimas semanas, he creado un espacio y un momento en el día para bailar al gusto de mi cuerpo. Nada más selecciono mi lista de música preescogida, que abarca ritmos africanos, bhangarescos, unos más nativos, con esa conexión a la tierra, otros más sintetizados, electrónicos, de trance, en fin, todo lo que mi cuerpo vibre en cada célula y que lo haga moverse; nada más lo selecciono e inicia mi sesión conmigo. Tan personal, tan rica, tan libre, tan sanadora, tan sudorosa, ja ja, wow. En serio, no tengo idea de qué influencias tendré en estos momentos, pero en las últimas semanas he sentido un cambio y una liberación masiva de energías en mí. Y lo he disfrutado, bastante.

Yo no tengo duda del por qué varias tradiciones espirituales recurrían al baile para poder lograr un cambio en la conciencia. Para mí, es una manifestación y una celebración de nuestra existencia en este plano físico, la Tierra. Celebrar, sentir, aprovechar que estamos aquí, vivos, en este cuerpo, tangibles, con estos elementos, con este aliento. Celebrar y manifestar el cosmos en nuestro cuerpo microcósmico. Mover las aguas en el interior. Sudar las toxinas de la mente. Liberarse. Es un placer simple, natural, que viene con nosotros desde la primera vez que escuchamos el latido de nuestra madre. Bello.

Tengo ganas… de bailar.

Estirar el corazón

Me enamoro de los ritmos que yacen bajo la superficie de la vida.

Tan diversos son esos colores que no caben en mi vista.

Dentro de mí, el corazón se estira, se estira, para abarcar todo y

asegurarse de que pueda bailar en círculos infinitos.

Sat Dharm Singh Khalsa