Salud por la práctica

Siempre estoy en una constante re-actualización de mi práctica. Retomando, manteniéndome, inspirando, sanándome, sosteniendo y permitiendo que otros me asistan en el camino. Soy muy cuidadoso de no caer en un lapso indefinido de inacción en mi práctica personal. Puedo dejar muchas cosas, puedo, incluso, recortar un poco de horas de trabajo debido a cansancio, enfermedad, otras situaciones, etc. Pero algo que yo he vuelto una prioridad con el transcurrir de mis días ha sido mi sadhana.

Yogi Bhajan siempre nos demandó y nos seguirá demandando que nuestra práctica matutina sea lo suficiente sólida y constante para que podamos servir mejor nuestro destino y, lo más importante, el destino de los demás. Para algunos, iniciar la rutina mañanera es la parte difícil; para otros, mantenerla es la parte aún más difícil. Yo oscilo a veces entre las dos posiciones. He encontrado que todo depende de mi cuerpo físico. Si me estoy alimentando bien, cuido mis horas de comer y de irme a dormir, entonces, no tengo ningún problema para despertarme. Pero nada más se me ocurre cenar un festín en la noche o entrar a la última función del cine y es probable que al día siguiente tenga que desear que alguna grúa me levante de la cama. Peor aún, si mi cuerpo entra en algún proceso de enfermedad crítica, es obvio que permaneceré en cama mientras pueda terminar de filtrar todas las situaciones que esté filtrando a través de mi cuerpo físico.

Este año parece que mi cuerpo está mucho más susceptible a otras energías (internas y externas) y está actuando como una especie de limpiador kármico. Desde enero, comencé el año con un catarro tremendo que estaba mezclado con un poco de diarrea (perdón a los sensibles de oído). Luego, a la semana, apareció un tic nervioso en mi ojo izquierdo. Fue realmente molesto porque, desde que terminé la preparatoria en el instituto de máxima seguridad y presión en el que estaba, no me había sucedido esto, y digamos que perdí un poco la costumbre. Sí me preocupé un poco porque también podía ser una deficiencia de B12; mi alimentación no había estado muy saludable alrededor de esas fechas. Pronto, visité a Lucrecia, nuestra médico-nutrióloga-acupunturista-terapeuta natural de cabecera. Me era urgente retomar mi dieta a base de jugos y otro tipo de preparados especiales que me habían hecho sentir muy bien físicamente hasta mediados del año pasado. En fin, obtuve una nueva dieta y salí contento esa vez. A la semana seguía el tic, estaba considerando seriamente ponerme un parche como el de Catalina Creel o el de Elle Driver en Kill Bill. Mi párpado parecía que estaba adquiriendo vida propia. Luego, durante un gurdwara, mágicamente desapareció. Aliviado de esta situación, estaba manejando por las calles de Toluca totalmente tranquilo cuando, oh, oh, ahora mi ojo derecho comenzaba a temblar. Por poco y me estampo del terror. Le imploraba a Guru Ramditas -como le dice Nav Jiwan, una maestra amiga mía- que esto no estuviera sucediendo de verdad. Tomé varias respiraciones profundas y opté por tener calma respecto a la situación. Sólo me dije: “Esto también pasará”, y me relajé. Al parecer, esto dio resultado, pues el tic desapareció a los tres días.

El mes pasado me empezaron a dar varios dolores en distintas partes del cuerpo. Especialmente en el pecho. Sé que por mi carta astral, el área del corazón no es mi fuerte, y es probable que mi fallecimiento sea debido a alguna causa relacionada. Tengo varias teorías -de hecho, hace poco alguien me dijo a qué se debía-, pero ocuparía demasiado espacio en este lugar y, tal vez sea más apropiado comentarlo en otro tiempo. Aunque estos dolores eran persistentes, no impidieron que mi cuerpo reaccionara ante una urgencia que comenzaba a sentir en un plano más sutil. Varias situaciones que se dieron en el país y en el mundo en una semana en particular provocaron que desde el fondo de mi alma surgiera una necesidad de mantener un sadhana diario. (Estaba tomando algunos días de descanso intercalados con otros de práctica matutina.) Sentí claramente una presión que se venía con toda su fuerza sobre la psique del planeta e, inmediatamente, “sadhana diario” brotó en mi miente como una solución para poder atravesar esta marea de confusión. Llegó en buen tiempo este aviso, justo unos días antes de luna nueva para que yo pudiera iniciar un compromiso serio conmigo de asistir todos los días al centro de yoga y fortalecer el sadhana allí. Siempre, la práctica matutina de Kundalini Yoga es mucho más eficaz bajo el paragüas de la conciencia grupal que al hacerlo por uno mismo.

Por destino o gracia u obra maestra del Guru, me encontré a una ex-alumna del Instituto de Humanología que tenía muchas ganas de reiniciar su práctica de yoga, pero no podía, ya que vivía lejos y sus ocupaciones le impedían llegar temprano a las clases que se imparten. Entonces, me preguntó acerca del sadhana. -¿Están yendo a sadhana?- me dijo. Yo tímidamente le dije que sí, pues se supone que todos los días hay sadhana, pero, honestamente, había días en que el Instituto amanecía callado, aunque ya no tanto como en diciembre. (Hemos sido agraciados con un clima extrañamente cálido en estas épocas en el valle de Toluca). Me dijo que si no podía ir a las clases, por lo menos quería ir a sadhana. Yo, enseguida, le comenté que también era mi deseo ir todos los días al centro de yoga para hacer la práctica, mas no tenía los medios convenientes para transportarme. (No puedo sacar el coche a esas horas de la mañana, es todo un show; no más comentarios.) Entonces, ideamos un plan de ayuda mutua. Ella se ofreció a recogerme de lunes a viernes —el tener la responsabilidad de ir por alguien la animaba más a ir a sadhana y era menos probable que se quedara dormida—. Y así comenzamos a hacerle.

Yo ya tenía un día de sadhana en el Instituto, pues todos los domingos lo guiaba (ahora son los jueves). En ese día, entraba la luna nueva a las 8:15 de la mañana. Y desde entonces, llevo 19 días ininterrumpidos de ir a sadhana en el Instituto. Todavía, esta cantidad es mínima a comparación de otras personas que llevan meditando meses o años continuos de sadhana, pero mi solidez y mi esfuerzo personal es lo que me mantiene inspirado. No tengo un objetivo fijo de qué tantos días voy a hacer sadhana ni quiero fijarme una cantidad exacta, pues todas las veces que he hecho esto fallo, y la verdad, el sadhana, cómo práctica matutina, se supone que es diario. Así que esto es todo lo que tengo en mi mente cada día y cada noche antes de dormir: que esto es algo que debo hacer diario sin excusa. Por mí, para servir mejor a mi conciencia, para servir mejor a mi maestro, a mi maestra, para servir mejor a mis compañeros de comunidad y servir mejor a todas las personas que en mi destino esté servir.

Como sea tu más profundo deseo, así será tu voluntad. Como sea tu voluntad, así será tu destino. Esta es una frase que la repito cada día en mi conciencia, para recordarme cuáles son mis verdaderos propósitos y cuál es mi prioridad en esta vida. De allí, todo lo demás se desenvuelve. Por supuesto, el destino va ir acorde con el calibre del deseo. Y esta ley nunca falla. Que todos los seres podamos desear de manera que ayude al entendimiento y al cese del sufrimiento de todos los seres humanos. Esto sí realizaría un gran cambio. Por lo pronto, cada quien tenemos un compromiso al cual responder. E iniciamos desde nosotros hacia fuera. Cada mañana.

Por más días de sadhana. ¡Salud!

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