Japa, repite y repite

Desperté aproximadamente a las 2:30 de la mañana el día de hoy, sólo para dormirme otros 40 minutos más y despertarme sin esfuerzo. En ese lapso entre las 2:30 y las 3:10, volví a experimentar una sensación que no había tenido desde el año pasado. Podía ver mi cuerpo dormido en la cama, no desde una posición lejana como aquella vez en el 85, sino más bien como arrimado a un lado y con una visión nebulosa hacia mi cuerpo físico. Ahora, la sensación a la que me refería no era esta, sino la percepción de estar observándome un sinnúmero de veces allí dormido y la extraña impresión de haber muerto repetidamente sin, en realidad, haber muerto. Era como estar viendo una escena en una película repetirse una y otra vez, sin que nada cambiara, pero que a la vez sabría que esa escena me llevaría al final de mi vida.

Déjà vu, en francés. Sólo que, aquí, esta escena “ya vista” estaba en mis sueños y no en la vida real. Era la misma escena sensorial que tuve el año pasado en mis mejores días de sadhana. Cada mañana que despertaba para prepararme para mi práctica de yoga y meditación, experimentaba una “elasticidad” del tiempo, en la que sentía que repetía una acción (en este caso, despertarme a las 3:30 am.) una infinidad de veces hasta mis últimos días sin que otra cosa importante sucediera.

Hay varias cosas aquí que pudieran parecer chifladas si no estás familiarizado con prácticas espirituales, meditaciones trascendentales, experiencias extracorpóreas, etcétera. Y aún así, yo, que desde mi infancia he vivido inmerso en este mundo -pongámosle- más sutil, encuentro difícil explicar con precisión de lenguaje lo que he experimentado estas dos veces.

Algo a lo que le atribuyo estas percepciones “no ordinarias” (aún) de conciencia es a mis meditaciones intensivas. El año pasado vivía con dos amigas mías, también maestras de yoga, a sólo 5 minutos caminando del centro principal de yoga. Así que era como una especie de ashram y, por lo tanto, podíamos ir todos los días a realizar nuestra práctica matutina de yoga al centro sin mayores resistencias subconscientes. Ok, tal vez después de un tiempo no fuimos todos los días, pero dígamos que durante un mes y medio si le pedaleamos con ganas. En fin, fue en este período cuando tuve por primera vez estas sensaciones “elásticas” de tiempo. Justo después de un año -con circunstancias diferentes, pero similares- experimento lo mismo y de un modo un poco más profundo.

La razón por la cual digo que las circunstancias son diferentes, pero similares es que, en aquel tiempo, mi vida espiritual se encontraba en una etapa de entusiasmo inocente. A punto de entrar en la siguiente etapa de las peligrosas pruebas. Las pruebas de la propia mente, claro, sólo detonadas por situaciones externas que, sin la mente gobernándonos, son chocolates caídos del cielo. Puesto así, un año después le hago frente a una purga mental apestosa y delicada. Nuestra maestra nos acaba de enseñar un kriya para la salud, la prosperidad y la fatiga que nos sugirió que hicieramos durante 40 días. Y ¡oh Dios!! quién sabe que traía este kriya por demás que desató uno de mis momentos espirituales más confrontantes y críticos. Este kriya me ha llevado por todo tipo de emociones, por un cansancio terrible y una grave alerta roja.

Me reservaré los detalles de los 37 días que llevo con el kriya para después. Lo que me incumbe decir por ahora es que, en este mes, el kriya me puso entre la pared y mi porquería mental, entrando en un momento casi de coma para luego abrir los ojos y saber lo que necesitaba hacer: por nada del mundo dejar de hacer el kriya, y comprometerme a hacer otras meditaciones y kriyas que me sacaran de mi problemática interna. Así es como tomé otros manuales y las respuestas comenzaron a llegar. Debo decir que había como una presencia aparte guiándome para que apuntara con mi dedo a los ejercicios que yo necesitaba en este justo momento.

De esta manera, añadí tres meditaciones y un kriya más a mi repertorio de instrumentos de supervivencia. Llevo seis días con las tres meditaciones y, desgraciadamente, el sábado, fallé con el segundo kriya. Sin embargo, lo pienso reiniciar el día de mañana. Ya les contaré como irán las cosas.

Lo único que me queda escribir aquí es que debido a circunstancias adversas, me propuse, de emergencia, repetir toda una sinfónica de ejercicios día tras día, a lo que he estado viendo sus efectos graduales y sútiles, y bueno… un poco “elásticos” también.

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