Dos más…

Es un poco tarde por la noche y la verdad no me siento como para irme a la cama pronto. Quiero bailar, escuchar música y relajar mi mente. Estoy contento de ver que ya casi termino el LIBRO que vengo traduciendo desde hace casi dos años y tal vez por eso no tengo sueño. Hace media hora terminé otro capítulo y nada más me quedan dos más. Después de tanta tribulación, creo que empiezo a ver los primeros rayos de liberación. Jaja. Me siento muy bien. Esta semana fue como ir en contra de toda la adversidad posible en mi mente. Espero que mañana sea un día mejor. Como todos.

Te deseo… satisfacción.

Disminuya su velocidad

En mi infancia, solíamos visitar a mis abuelos de parte de la familia de mi mamá casi cada domingo. Si no era cada ocho días, era cada quince. Ellos viven en una pequeña villa antes de llegar a Atlacomulco, en Jocotitlán. Mis recuerdos de aquellas visitas son las más mágicas y profundas que tengo de mi infancia. Recuerdo sentir que su casa era inmensa, más que nada su abundante huerto. Pensaba que allí habitaban otro tipo de seres y que existían portales a lugares donde vivían duendes. Tal vez era mucha imaginación la mía o la gran cantidad de gelatina que mi abuela me daba, pero esos son mis recuerdos. Toda la parte mística de mi persona se conecta con esas visitas y con mi experiencia en ese lugar extraordinario.

Es curioso que ahora ya no lo vea tan extraordiario como antes. En sí, “Joco” es un pueblito mexicano ordinario como otros, pero tiene sus leyendas y sus historias… Historias de tesoros ocultos, ranchos de alegría y nostalgia, maldiciones, apariciones de la virgen, exorcismos, ovnis, y murciélagos que persiguen en la víspera de Navidad, entre otras. Así también, ahora, ya no veo la casa de mis abuelos tan grande y mágica, pero persiste la sospecha…

Hace algunos años, tuve un sueño acerca de “Joco”. Entiéndase que, para mí, Joco significa el misterioso terreno en forma de pirámide en el que se encuentran las casas de la familia de mi mamá. Las casas y los pequeños huertos de mis abuelos y de otras dos tías ocupan toda la manzana, y están todas conectadas. En el sueño, yo llegaba a la casa de mis abuelos y había un color distinto en el panorama. Era como si todo tuviera luz, pero era una luz grisácea, no tan luminosa. El viento soplaba y veía hojas caducas volar. Yo daba unos pasos por los amplios escalones blancos en medio del huerto que conducen a la entrada principal de la casa. Tenía frío. Al bajar cada escalón, me impactaba ver que todo el huerto se había secado. Cada árbol, cada planta, cada flor. Y hierbas secas habían crecido en cambio. Me di cuenta que el lugar estaba desolado, y que ya no iba a encontrar a nadie dentro.

El sueño quedó impreso en mi conciencia. A veces, me pregunto si llegará a suceder ese día. Si eso ocurrirá. Es inevitable que el tiempo pase, ¿pero será inevitable que el recuerdo se descuide? Todos sabemos que nadie tenemos esta vida dada por hecho. En cualquier momento eso puede cambiar. No obstante, a una edad avanzada eso ya no es tan lejano y la muerte se vuelve una cita próxima a acudir. Mis abuelos y mis tías abuelas tienen más de 70 años, y un tío abuelo ya falleció el año pasado.

El día de hoy, fuimos de nuevo a Jocotitlán. Visitamos a mi abuelo, que el jueves pasado cumplió 83 años. Al ir en la carretera hacia Joco, estaba observando atentamente el paisaje del viaje. Quería poner atención a esa ruta tan familiar, quería recordar la belleza que siempre percibía de niño al observarla. Noté algo en particular; los signos a lo largo de la carretera que advertían: “disminuya su velocidad”. Supongo que siempre han estado allí, pero, en especial, hoy llamaron mi atención. Instantáneamente, comencé a reflexionar acerca de la velocidad con la que normalmente viajamos a través de la vida. En gran parte de las ocasiones, nos apresuramos para llegar lo más rápido a nuestro destino. Y nos olvidamos de todo lo que hay en el camino. Lo consideramos un “fondo”, nada más. Con suerte, algo “bonito” que está allí, pero sin percibir todas sus sutilezas, su excepcionalidad, su variedad y su profundidad.

—”Disminuya su velocidad”, mmm… —pensé—. ¿Cuál es la velocidad a la que yo voy? ¿Qué implica que yo disminuya mi velocidad?

Esos árboles que yo miraba al ir en la carretera, junto con aquellas señales, todo pasaba. Todo se quedaba atrás. Solo mi recuerdo de haberlo visto permanecía. Pensé que si fuéramos un poco más despacio, posiblemente, el recuerdo sería más nítido y, con mucha probabilidad, disfrutaríamos más cómo percibimos aquellas cosas con las que nos topamos en el camino. Read more »

La paciencia tiene su recompensa

Uno de los blogs que me gusta leer con frecuencia es el blog de Gurumustuk Singh. Mr.Sikhnet se ha convertido en una fuente rica de información acerca de Yogi Bhajan y Sikh Dharma. Regularmente, incluye videos temáticos de Guruka Singh, audios de Snatam Kaur, Chardi Kala Jatha y otros músicos de Gurbani Kirtan para que uno los pueda descargar.

Fue curioso para mí entrar el día de hoy a su blog y ver que el primer post que aparecía contenía una magnífica afirmación de Yogi Bhajan que a muchos que practicamos Kundalini Yoga nos encanta escuchar. Es una afirmación con mucha verdad, muy fácil de llevar a cabo, pero muy difícil que nuestra mente la acepte y que en realidad la pongamos en práctica. Fue curioso porque el tema del que habla Yogi Bhajan se relaciona con lo que escribí el día de ayer acerca de vivir las preguntas, y dejar de buscar las respuestas. O en otras palabras, dejar de estar viviendo en la duda y, simplemente, vivir —ser—.

La afirmación es la que sigue:

La paciencia tiene su recompensa. Espera. Deja que la mano de Dios trabaje por ti. A aquel que te ha creado, permítele crear todos los entornos, circunstancias, facilidades y facultades.

Tù kaaje dole pranhìaa tudh(u) raakhègaa sirllanhjaar. Llin pèdaais tù kìaa soì dei aadhaar(u)*

Oh, individuo, ¿por qué estás en un estado de mucha duda? Aquel que te ha hecho cuidará de ti. Aquel que ha creado este universo, todos los planetas, las facultades planetarias y las facilidades en la Tierra, Él es aquel que te ha creado. Espera, ten paciencia, recárgate en Él y las mejores cosas llegarán a ti.

Habita en Dios. Habita en Dios. Habita en Dios. Hazte amigo de tu alma. Habita en Dios y hazte amigo de tu alma. Habita en Dios y hazte amigo de tu alma. Todas las facultades y las facilidades de la Creación que estén en tu mejor interés estarán a tus pies. Tú necesitas un millón de cosas; un millón de cosas llegarán a ti si eres estable, establecido, firme, paciente. Recuerda, el Creador vela por ti y la Creación está lista para servirte si tú solamente… eres tú.

Así que, por favor, elimina el fantasma de tu vida y deja de estar persiguiendo cosas. Consolídate. Concéntrate. Sé tú. Y que toda la paz, los ambientes pacíficos y la prosperidad se acerquen a ti por siempre. Sat Nam”.

La versión en inglés y el audio los encuentras en este post de Mr.Sikhnet. Escuchar el audio con la voz propia de Yogi Bhajan tiene un efecto especial. Me trae recuerdos muy relajantes de cuando iniciaba este camino y, ciertamente, te conecta con la esencia del Siri Singh Sahib. Escucha la afirmación, medita en ella, relájate con ella y relájate en el universo. Que todos podamos encontrar nuestra prosperidad al permitirnos ser y vivir en la confianza de la Creación.

Sat Nam. Paz.

*Siri Guru Granth Sahib, página 724.

Lo que he aprendido:

…a vivir las preguntas sin buscar las respuestas.

No hay duda de que la vida tiene sus acertijos, sus preguntas, los laberintos en los que nos adentramos ciertas veces y a los cuales parece que no les encontramos salida. Los laberintos son intrigantes; pueden ser fascinantes, y rodearse de un halo mágico y misterioso, pero caminarlos puede ser nauseabundo, confuso, incierto y desesperante. Tantas preguntas, tantas posibilidades.

Un día después de mi cumpleaños, mi maestra Ravi Kaur me preguntó: “¿Qué has aprendido en estos 22 años?”. Me quedé pensando y, francamente, respondí: “Tengo mucho que aprender todavía”. Pero la verdad es que esta no fue una respuesta muy pensada, pues creo que el tramo de aprendizaje que a todos nos queda por recorrer es ilimitado. Nunca termina. Luego, como aclarando la respuesta y yendo más profundo a la pregunta de mi maestra, fui realmente franco: “Este año me ha costado más trabajo deslindarme de mi indivualidad y el recorrido se ha vuelto más desafiante”. “Antes, para mí, conectarme se daba casi sin esfuerzo”. Lo que le decía era como una confesión de que experimentaba un aumento de densidad en mi mente. Un incremento en la incertidumbre que la mente coloca en mí y en la urgencia por conocer las soluciones a los enigmas que esta existencia plantea.

La menta desempeña un papel mucho muy importante en este juego de la vida. Esta allí para liberarte o para condenarte. La mente es lo que nos hace todas esas preguntas, la que nos confunde y la que nos ilusiona. La que nos limita.

Y la verdad es que nosotros no somos la mente… “¿Qué es lo que no nos deja ser felices?”, nos preguntó mi maestra ese día. La mente, precisamente.

Hay una cita que siempre me encanta leer y dejar que se absorba en mi conciencia cada vez que mis ojos la ven. Como la tengo, está diseñada en un imán. Por lo que es muy práctica para ponerla en algún lugar pequeño de metal o de hierro en dondequiera que me encuentre. En el último mes, la he tenido en mi lugar de trabajo. Me da ánimos cuando mi alma está en una encrucijada.

La cita es de Rainer Maria Rilke y está traducida al inglés por Stephen Mitchell:

“I beg you… to have patience with everything unresolved in your heart and try to love the questions themselves as if they were locked rooms or books written in a very foreign language. Don’t search for the answers, which could not be given you now, because you would not be able to live them. And the point is, to live everything. Live the questions now. Perhaps then, someday far in the future, you wil gradually, without even noticing it, live your way into the answer.”

“Te ruego… tener paciencia con todo lo que no esté resuelto en tu corazón, y tratar de amar las preguntas mismas como si ellas fueran cuartos encerrados o libros escritos en un lenguaje muy extraño. No busques las respuestas, las cuales quizá no se te den en este momento, pues no serías capaz de vivirlas. Y el fin es, vivir todo. Vive las preguntas en este momento. Quizás, entonces, algún día en un futuro lejano, gradualmente, sin ni siquiera notarlo, te encuentres viviendo la respuesta…”.

T. por Sat Dharm Singh K.

Milagros… los que hago

Bastante tiempo sin detenerme por aquí y escribir unas cuantas líneas. El trabajo me ha inundado por completo y, la verdad, yo no debería estar escribiendo en mi blog en estos momentos. Estoy en una carrera contra el tiempo para poder tener listos unos materiales para un curso en Sudamérica que inicia el lunes… y los nervios me están matando. Uffffff…..

[Respiración de fuego].

Ok, gracias a Dios, tengo de fondo la bella música de una amiga mía que conocí cuando vivía en Vancouver. Ella se llama Sat Purkh Kaur y, el día de hoy, me dio muchísimo gusto descubrir que ella también, cuando el trabajo se lo permite, escribe un poco de sí misma en un blog. La canción que estoy escuchando en este momento se llama The One I love. También, tiene por allí una muy buena versión de Dhan Dhan Guru Ram Das y una excelente rendición del Shabd Jazare – Mera Man Loche. Escucharé las tres, alternadamente, toda la noche mientras continúo el trabajito con este segundo bebé.

Saludos a todos los que se asoman por aquí de vez en cuando. Trataré de retomar la energía para mantener este blog con algo de contenido. He sido un poco descuidado [no, la palabra no es descuidado, sino... ¿diría que mi amado trabajo ha asaltado mi vida? Profundizaré en esto después...].

Paz y tranquilidad (para mí; me incluyo, absolutamente). =)

Esos ritmos de libertad

Mi cuerpo ha regresado al movimiento últimamente. ¡Ah, Dios! ¡Qué rico se siente eso! A veces, el trabajo te puede apartar de placeres simples e inofensivos. Al regresar de Española me prometí que, por más trabajo que tuviera, no iba a olvidar a mi salud, a mi cuerpo y a mi mente. En estas últimas semanas, he creado un espacio y un momento en el día para bailar al gusto de mi cuerpo. Nada más selecciono mi lista de música preescogida, que abarca ritmos africanos, bhangarescos, unos más nativos, con esa conexión a la tierra, otros más sintetizados, electrónicos, de trance, en fin, todo lo que mi cuerpo vibre en cada célula y que lo haga moverse; nada más lo selecciono e inicia mi sesión conmigo. Tan personal, tan rica, tan libre, tan sanadora, tan sudorosa, ja ja, wow. En serio, no tengo idea de qué influencias tendré en estos momentos, pero en las últimas semanas he sentido un cambio y una liberación masiva de energías en mí. Y lo he disfrutado, bastante.

Yo no tengo duda del por qué varias tradiciones espirituales recurrían al baile para poder lograr un cambio en la conciencia. Para mí, es una manifestación y una celebración de nuestra existencia en este plano físico, la Tierra. Celebrar, sentir, aprovechar que estamos aquí, vivos, en este cuerpo, tangibles, con estos elementos, con este aliento. Celebrar y manifestar el cosmos en nuestro cuerpo microcósmico. Mover las aguas en el interior. Sudar las toxinas de la mente. Liberarse. Es un placer simple, natural, que viene con nosotros desde la primera vez que escuchamos el latido de nuestra madre. Bello.

Tengo ganas… de bailar.

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